Ante la aparición, en algunos medios de comunicación, de noticias e informaciones promovidas desde Greenpeace, con datos que APROMAR consideramos inexactos sobre la actividad de la acuicultura española, deseamos aclarar y contrastar, con información precisa y verificable, la realidad de las prácticas acuícolas en nuestro país, su sostenibilidad y su capacidad de ofrecer pescado seguro y de calidad para alimentar a la población española. Toda esta información, y más, puede ser consultada en nuestra Memoria de Sostenibilidad y las Guías sobre el Bienestar de los Peces en la Acuicultura Española.

En primer lugar, creemos que la labor de organizaciones como Greenpeace es valiosa y necesaria, y siempre agradeceremos las miradas críticas que nos ayuden a mejorar. Pero el tono sensacionalista y la falta de rigor en los datos con el que se han producido y distribuido estas informaciones no contribuye a abordar de forma objetiva y responsable cuestiones que son mucho más serias y complejas: ¿cómo hacemos para que toda la sociedad pueda seguir comiendo pescado de forma sostenible, en un contexto de recursos naturales limitados y escasos?

En APROMAR valoramos muy positivamente la actividad de la pesca artesanal española y colaboramos con esta actividad hermana.Pero ¿tiene la pesca artesanal la capacidad de alimentarnos a todos? ¿Puede la pesca artesanal, como sugiere Greenpeace, abastecer a toda la población de esta proteína tan necesaria para el ser humano?

Actualmente, toda la pesca extractiva mundial solo alcanza a cubrir cerca de la mitad de las necesidades de pescado de la población global. Y sería imposible que todos pudiéramos comer pescado si dependiera únicamente de la pesca artesanal. Por eso, el sector de la acuicultura española trabaja en investigación, innovación y desarrollo de conocimiento y tecnología, desde hace años, para dar respuesta a esta compleja realidad.

Y, aunque todavía nos queda camino por recorrer, los avances conseguidos hasta ahora en sostenibilidad y bienestar animal nos posicionan en la vanguardia mundial: en España tenemos más científicos trabajando en acuicultura que en ningún país del mundo.

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La concentración y volumen de peces en una instalación de acuicultura depende de la especie, la etapa de cultivo y duración del proceso productivo, también del sistema de cría, la temperatura del agua y del tamaño de los peces. Pero los peces siempre disponen del espacio necesario para desarrollarse en condiciones óptimas. En general, en las granjas marinas, como mínimo el 98% del espacioproductivo es agua y solo el 2% es el espacio que ocupan los peces, lo cual se corresponde con densidades máximas de 20 kg por cada m3.

Cuando vemos, en las imágenes aéreas o de cámaras submarinas, una masificación de ejemplares dentro de un vivero de peces se trata de un fenómeno completamente natural, propio de los peces. Son animales gregarios que, por naturaleza, tienden a agruparse para nadar. Es una forma instintiva de prevenir ataques de los depredadores y ahorrar energía en los desplazamientos.

En las instalaciones españolas de acuicultura no ocurre hacinamiento de peces, ya que estos disponen siempre del espacio suficiente para desarrollar su comportamiento natural.

Los posibles problemas de bienestar de los peces asociados con la densidad se pueden dar por un aumento de contacto físico entre los peces, pero sobre todo por factores asociados con la calidad del agua o con la dificultad de todos los individuos para acceder al alimento. Para controlar estas situaciones los acuicultores emplean indicadores operacionales que vigilan el correcto estado de bienestar y salud de los peces.

El agua de las instalaciones marinas, al igual que en cualquier otro punto del mar, puede presentar distintos niveles de turbidez dependiendo de las corrientes marinas, la marea, la presencia de microorganismos o las condiciones climatológicas de un momento específico. Afirmar, sin un análisis químico, que la mayor o menor turbidez del agua es evidencia de algún tipo de vertido de productos químicos o veterinarios es una acusación muy grave y poco responsable.

Como cualquier ser vivo, los peces pueden sufrir enfermedades. Por lo que el uso prudente y responsable de medicamentos es fundamental para garantizar su salud y bienestar, y asegurar un ambiente saludable en los cultivos. La política sanitaria en acuicultura está basada en medidas preventivas como la implementación de estrictos planes de bioseguridad y el uso de vacunas. Los medicamentos se suministran solo en casos extraordinarios y siempre bajo estricta prescripción veterinaria, nunca de forma preventiva. En España, el uso de piensos medicalizados es inferior al 1%, concretamente en 0,71% en 2022.

En cualquier caso, todo pez que haya estado bajo tratamiento veterinario en una instalación de acuicultura española pasará obligatoriamente un período de supresión antes de ser cosechado, es decir, el tiempo necesario para la completa eliminación en el cuerpo del pez de cualquier rastro o residuo del fármaco. Aún más: todas las empresas de acuicultura en España realizan verificaciones periódicas para garantizar la ausencia de residuos de cualquier tipo de medicamento en el producto final. Por esta razón, es imposible que un pescado de acuicultura en España llegue al consumidor con algún tipo de resto de medicamento.

En cuanto a la calidad del agua, este es un factor crítico que determina el rendimiento de la acuicultura. Sin una buena calidad de agua no es posible la actividad acuícola, y los cultivos serían inviables. Por lo tanto, las empresas de acuicultura son las primeras interesadas en controlar y mantener una calidad óptima del agua en sus instalaciones, controlando la concentración de peces, monitorizando de forma regular decenas de indicadores como la turbidez, el PH o el oxígeno disuelto.

Las instalaciones de acuicultura cuentan con Programas de Vigilancia Ambiental, que obligan a un riguroso análisis periódico de impacto en el entorno para controlar los parámetros que puedan afectar a la calidad del agua, los fondos marinos, o las especies silvestres de su entorno. Este control es llevado a cabo por entidades externas a las empresas de acuicultura, y están auditadas y controladas por las autoridades regionales y nacionales.

Es cierto que las especies de peces que cultivamos en España son piscívoras (no “carnívoras”, como se ha dicho), y por ello en la acuicultura incluimos en su dieta una parte de proteína y aceite de pescado. Pero lo cierto es que la acuicultura española es productora neta de pescado.Esto quiere decir que con nuestra acuicultura producimos más pescado del que se extrae del mar para alimentarlos. Y, de ninguna manera contribuimos al “colapso de los stocks pesqueros”, como se intenta desinformar desde en el comunicado de Greenpeace.

El alimento utilizado para los peces en la acuicultura española, incluidas las especies piscívoras, está compuesto en más del 70% por materias primas de origen vegetal o terrestre, y sólo aproximadamente un 25% procede de harinas o aceites de origen marino.

Aún más, de este 25% procedente de otras especies acuáticas, una proporción cada vez mayor, que ya ronda el 35%, se obtiene sin recurrir a más pesca extractiva. Esto se consigue gracias a la innovadora economía circular en la acuicultura española, que reutiliza los recortes desaprovechados de la industria transformadora de pescado (de conservas o del fileteado) para la elaboración de piensos, evitando el desperdicio alimentario al mismo tiempo que se reduce la dependencia de productos de pesquería para la alimentación de los peces de acuicultura.

Así, actualmente y tras años de investigación y desarrollo, en el conjunto de la acuicultura española, se requiere una media ponderada de 0,84 kg de pescado pelágico de pesquería para producir 1 kg de pescado de acuicultura.

Las especies más cultivadas en España, como la lubina, la trucha o la dorada, que representan en conjunto más del 75% del total de la producción española de pescado de acuicultura, requieren incluso menos que esta media, con 0,76 kg, 0,18 kg y 0,63 kg respectivamente de pescado pelágico de pesquería necesario para producir 1 kg de pescado de acuicultura.

El caso del atún rojo, que se menciona específicamente en la comunicación distribuida por Greenpeace, requiere una aclaración aparte. El atún rojo no se reproduce en las instalaciones de acuicultura, por lo que la población total de atunes, y el consumo de peces pelágicos destinados a su alimentación, no aumenta por la actividad acuícola, ya que los consumirían igualmente en su vida silvestre.

Estos atunes viven durante unos 10 años en vida silvestre en el entorno natural y solo pasan entre 6 y 7 meses, de media, en las instalaciones de acuicultura, donde son alimentados de forma natural, con el mismo tipo de alimento que habrían tenido, pero en menor cantidad ya que se hace de forma más eficiente.

Por otra parte, el atún rojo es, de entre todas las especies acuáticas, probablemente la más regulada en cuanto a su captura y manejo, a través del organismo intergubernamental ICCAT (Comisión Internacional para la Conservación del Atún Atlántico).

Todo esto demuestra, con datos concretos y verificables, que la acuicultura en España, si bien requiere en su alimentación de un aporte de pescado, gracias a la incorporación en su dieta de proteínas y aceites de origen terrestre, produce más pescado del que consume, aumentando de manera eficaz la disponibilidad total de productos acuáticos, para que todos podamos comer, hoy y mañana, pescado seguro y sabroso, complementando a la pesca sostenible y preservando los recursos naturales de nuestros ríos y mares.



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