Madrid: ‘Revivir la Calle’, por el derecho a la naturaleza y a una ciudad habitable. Bajo el lema “Revivir la Calle” ciudadanos/as de la Plataforma por el Derecho a la Ciudad se han dado cita en una calle céntrica de Madrid para reclamar el derecho a la naturaleza y a una ciudad habitable.Las organizaciones han denunciado la falta de espacios de ocio colectivo y adaptados a la crisis climática. La peatonalización y renaturalización de las calles para que las personas y las plantas ganen espacio a los coches es cada vez más urgente.

La Plataforma por el Derecho a la Ciudad, de la que forman parte las principales organizaciones ecologistas y entidades civiles, ha celebrado una acción en el centro de Madrid en la que decenas de personas han dado vida a una calle con el fin de reclamar espacios comunitarios donde las personas puedan hacer suya la ciudad.

La realidad climática, donde las altas temperaturas provocan 4.600 muertes cada año solo en España, hace necesario contar con ciudades habitables, y para este fin es imprescindible aumentar el número y tamaño de zonas verdes. Estas zonas permiten regular a escala local las temperaturas, pero también mejoran la salud mental y física de las personas, y permiten generar espacios de ocio y disfrute, por lo que deben multiplicarse y distribuirse por todos los barrios de la ciudad.

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Por este motivo, las organizaciones y colectivos demandan una renaturalización justa de las ciudades, siempre basadas en políticas que blinden el derecho a la vivienda y el derecho a la naturaleza, y que no provoquen la expulsión de la ciudadanía de sus barrios.

Frente a unas políticas que priman la turistificación y la gentrificación del centro de la ciudad, y que expulsa a miles de vecinas de sus hogares, más de cincuenta personas han participado en la acción reivindicativa, “Revivir la Calle” con multitud de actividades para dar vida a la ciudad.

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Así, el Pasaje de Alonso Carbonell se ha llenado de color, risas, juegos y naturaleza con grupos de vecinas hablando y compartiendo alrededor de varias mesas; niños y niñas jugando y gente con sus instrumentos acompañando con música los bailes de las asistentes.

La ciudadanía ha llenado de alegría el espacio público para generar un ocio comunitario y gratuito abierto a todas las personas, demostrando que el derecho a la ciudad no solo consiste en vivir en éstas, sino en  transformarlas según las necesidades de quienes las habitan.

La peatonalización y renaturalización de las calles para que las personas y las plantas ganen espacio a los coches

Transformar los espacios urbanos en zonas comunitarias para hacer vida, pasear, jugar y, en definitiva, estar, es una de las tareas pendientes del urbanismo en Madrid, cuyo gobierno se ha posicionado en el lado contrario, a través de políticas que han situado sistemáticamente el lucro de unas pocas personas y empresas por encima de la ciudadanía.

Las peatonalizaciones deben ser reales, modelar el espacio físico de la ciudad alrededor de las personas y excluir a los coches. Es necesario crear barrios habitables y adaptados al cambio climático donde se mejore la movilidad y la vida en sociedad, lo que conlleva un gran beneficio para la salud pública y el interés general, tanto por la reducción de la contaminación atmosférica como por el aumento de espacios para habitar la ciudad.

Asimismo, con esta acción las organizaciones critican las falsas peatonalizaciones, donde las vecinas y vecinos no pueden aprovechar el espacio: no se cambia de ninguna forma el espacio físico, se mantiene la separación calzada-acera y, por tanto, el peatón no se siente legitimado a ocupar el espacio, además de que se sigue permitiendo el paso de coches.

En la misma línea denuncian de nuevo la falta de criterio de la administración a la hora de establecer medidas que protejan el bienestar de la ciudadanía y su derecho a la naturaleza, como es el caso de las múltiples talas de árboles, que resultaron de la ampliación de la línea 11 de Metro, a pesar de que existían otras alternativas que no atentaban contra los escasos ecosistemas de la ciudad y de la oposición ciudadana, o de otros casos sangrantes como el del parque de La Cornisa.

Con esta acción los colectivos han demostrado que el derecho a la ciudad no sólo consiste en vivir en éstas, sino en  transformarlas según las necesidades de las personas que las habiten.



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