Junio es el mes donde se celebra el orgullo LGBTQ+ a nivel global. Es un momento de reconocimiento, visibilidad y lucha por la igualdad. Pero este año las marchas y eventos llegan en el contexto de temperaturas récord, inundaciones devastadoras y advertencias científicas sombrías. En medio de un panorama marcado por desafíos climáticos cada vez más urgentes, muchas personas ven un cruce entre la crisis climática y el movimiento LGBTQ+ ¿Podemos encontrar lecciones y solidaridad en esta convergencia?

La renombrada científica colombiana trans Brigitte Baptiste habla de especies de palma transgénero que cambian su género por supervivencia, y ranas que “parecen estar todo el tiempo en desfiles del orgullo gay” y han evolucionado con una diversidad de colores y formas que las ha ayudado a adaptarse y sobrevivir. Observamos en el reino animal formas de organización familiar entre individuos del mismo sexo, revelando que los animales buscan familias diversas para defenderse frente a adversidades.

“No hay nada más queer que la naturaleza”, declara Baptiste.

Mientras celebramos la diversidad natural, la realidad de las personas LGBTQ+ en América Latina es más dura: se enfrentan a tasas alarmantes de violencia y mortalidad. Entre 2014 y 2020, al menos 3.514 personas LGBTQ+ fueron asesinadas en América Latina y el Caribe. Son luchas que comparten paralelismos con las de los activistas medioambientales, que a menudo arriesgan su vida en defensa del planeta. Entre 2012 y 2022, más de 1.300 defensores del medioambiente fueron asesinados en la región, lo que la convierte en la más peligrosa del mundo por este tipo de activismo.

Desde Dialogue Earth hablamos con Aurélien Guilabert, activista comprometido con los derechos LGBTQ+ y con la protección del medioambiente, que vive en Ciudad de México. Guilabert inició el capítulo de la organización Extinction Rebellionen el país ―un movimiento medioambiental global que busca declarar la emergencia climática―, se ha postulado como diputado para la Ciudad de México, y ha trabajado por la prevención del VIH y la promoción de la ley de identidad de género. Guilabert expone cómo su experiencia de más de una década en ambos frentes revela conexiones profundas entre la defensa de los derechos humanos y la salvaguardia de la naturaleza.

El activista Aurélien Guilabert ha trabajado para promover las leyes de identidad de género y las conexiones entre los derechos humanos y el medioambiente en México (Imagen: Tatiana Sotres)

Dialogue Earth: ¿Cómo se unen los movimientos LGBTQ+ y de la defensa de la naturaleza en la actualidad?

Aurélien Guilabert: Hoy veo que hay paralelos entre los movimientos que se están empezando a tejer, sin embargo en México los movimientos trabajan de manera atomizada. Incluso dentro de estos mismos movimientos hay divisiones, contrariamente a otros países donde se ha logrado unirlos y generar más transversalidad. Llevamos por lo menos ocho años, desde que yo estoy en el comité de la marcha del orgullo [de Ciudad de México], impulsando la remediación ambiental, no dentro del pliego petitorio como tal, pero en nuestras acciones. Por ejemplo, buscamos promover que no haya basura durante la marcha del orgullo y que los asistentes no compren productos plásticos. Cada vez más se ha empezado a hacer esos discursos, que me parece interesante.

¿Qué crees que hace falta para que tenga más fuerza el movimiento ambiental dentro del movimiento LGBTQ+?

Hay un problema con el gobierno de la Ciudad de México que se ha negado a prohibir los automotores [utilizados como carrozas] en las marchas del orgullo y esto me parece que viene a justificar un tema que está detrás. Lo que mueve a los automotores es el dinero, porque hay gente que cobra para que tú metas un automotor y de eso depende el lugar que te dan en la marcha. En París, por ejemplo, ya no hay automotores en las marchas y en muchas otras grandes ciudades tampoco. Nos estamos posicionando para volver a la esencia de la marcha a pie y evitar que sea acaparada por los automovilistas, que representan un modelo patriarcal y el modelo de los combustibles fósiles. Al fin y al cabo, la lucha tanto de la diversidad sexual y de género como de la justicia ambiental es contra la esencia del patriarcado.

Una persona con un vestido amarillo y negro camina entre otras personas
Una celebración de los y las muxes y de la diversidad sexual de los pueblos indígenas de México. En la cultura zapoteca del Istmo de Tehuantepec, los y las muxes son reconocidos como un tercer género y respetados por las tradiciones locales (Imagen: Abril Cabrera Aguilar / Secretaría de Cultura de la Ciudad de México, CC BY SA)

Y creo que pues también hace falta que la gente se informe y que nosotres como activistas también retomemos lo que es la marcha, que hoy es una fiesta. Yo estoy de acuerdo en que sea una fiesta porque hay que celebrar los avances, hay que celebrar nuestro orgullo, nuestras identidades, nuestras orientaciones, pero no hay que olvidar que la marcha es política en esencia. En las primeras marchas, se llevaban a la gente a las cárceles. Hoy tenemos esa libertad de marchar y por eso la gente se le está olvidando la parte política. Yo diría eso: recuperar la marcha política sin olvidar que además vivimos en el segundo país más violento para las poblaciones de la diversidad sexual y de género, donde todavía se nos mata por nuestra identidad o nuestra orientación.

¿Cómo comparten vulnerabilidades las poblaciones LGBTQ+ y las personas defensoras de la tierra?

El punto en común es la violencia directa en México. Pues es de los primeros países en asesinatos y violencias hacia personas defensoras de la tierra y hacia las personas de la diversidad [sexual y de género]. Pero está también la violencia simbólica, esa violencia indirecta por omisión. Es una violencia de la cual no hablamos, pero la omisión es violencia, el silencio es complicidad. Es una frase que no nos hemos cansado de decir y que vamos a seguir diciendo. ¿Qué quiero decir con eso? Es que el gobierno ante la exclusión de las poblaciones de la diversidad o ante la crisis climática, pues no está haciendo nada o está haciendo acciones insuficientes al día de hoy.

¿Qué te da esperanza hacia el futuro con ambos movimientos?

Las nuevas generaciones. Porque esos dos movimientos, tanto el climático como el de la diversidad sexual y de género, ya están hoy totalmente apropiados por las nuevas generaciones. Hay un nuevo paradigma que está creciendo a una velocidad muy rápida y que están deconstruyendo este modelo patriarcal que ha dominado el mundo y qué sigue dominando. Pero hay una esperanza y si tú hoy vas con las juventudes de doce, trece años, preadolescentes y adolescentes, no les importa el tema de la identidad, no les importa el tema de la orientación, y ya tienen una conciencia climática distinta a las generaciones que hoy tienen 40, 50 años. Eso es impresionante.





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