Madagascar: descubren una sanguijuela que puede saltar : los científicos han debatido durante más de un siglo si estos parásitos succionadores de sangre podían saltar. Ahora, biólogos de Estados Unidos han encontrado en Madagascar al menos una especie que lo hace: Chtonobdella fallax, y lo han grabado en vídeo.

Investigadores del Museo Americano de Historia Natural, la Universidad Fordham y la Universidad de la Ciudad de Nueva York (CUNY) presentan un estudio en la revista Biotropica, con pruebas en vídeo, de que al menos una especie de sanguijuela terrestre puede saltar. Este comportamiento ha sido debatido por los científicos durante más de un siglo.

Las sanguijuelas son un tipo de gusano que vive en aguas normalmente dulces o en tierras húmedas. Estos anélidos parásitos se alimentan de la sangre que extraen de otros seres vivos, sus huéspedes.

“A lo largo de los siglos, exploradores y naturalistas afirmaron que las sanguijuelas podían saltar. Sin embargo, a partir del siglo XIX los especialistas empezaron a fijarse más en las sanguijuelas terrestres y, al no haber pruebas concretas, la mayoría de los biólogos consideraron que las afirmaciones sobre sanguijuelas saltarinas eran folclore”, declara una de las autoras, Mai Fahmy, pero ahora “creemos que esta es la primera prueba convincente de que las sanguijuelas pueden saltar y hacerlo con un gasto visible de energía”.

“Ha habido casos anteriores de algunas que saltaban, incluso sobre las personas –continúa–, pero a menudo se explicaban como sanguijuelas que se enganchaban a los transeúntes cuando rozaban los arbustos o caían de una rama. Este estudio desmonta ese argumento”.

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Para realizar su investigación, esta científica de la Universidad Fordham y visitante en el Museo Americano de Historia Natural, realizó dos expediciones a Madagascar: una en 2017 y otra en 2023. Allí consiguió grabar imágenes de sanguijuelas del género Chtonobdella enroscarse en una hoja y luego despegar hacia otro lado.

Sanguijuela de la especie Chtonobdella fallax

La investigadora recogió la sanguijuela saltarina en su viaje del año pasado y, junto a otro autor, el profesor Michael Tesslerdel Medgar Evans College de CUNY, la identificaron como Chtonobdella fallax, una especie común en Madagascar.

“Nuestro artículo contiene la única prueba concluyente que conocemos de que alguna sanguijuela pueda saltar”, destaca Tessler, quien recuerda que “otros habían escrito sobre el comportamiento de salto de diferentes especies de sanguijuelas terrestres, pero la mayoría de los expertos habían desestimado estas afirmaciones”.

“Es muy posible que alguien más tenga un vídeo de una sanguijuela saltadora y no se haya dado cuenta de la importancia de su grabación. Si es su caso, envíenoslo –anima el científico–, ya que nos encantaría comprender mejor hasta qué punto está extendido este comportamiento”.

El profesor resume el proceso: “Esencialmente, estas sanguijuelas ejecutan un salto grácil pero con un aterrizaje aparentemente duro. No sabemos con qué frecuencia ocurre ni si utilizan esta habilidad para buscar huéspedes, pero, dado que captamos múltiples saltos en dos grabaciones cortas, este comportamiento puede ser común para esta especie”.

Por su parte, Fahmy añade: “Esta especie de sanguijuela terrestre es exclusiva de Madagascar, pero también se pueden encontrar otras del género Chtonobdella a lo largo de las selvas tropicales del Indo-Pacífico, desde el archipiélago malayo hasta esta isla africana”.

Sanguijuela saltarina

Esta sanguijuela saltarina en concreto está poco estudiada por la comunidad científica, según los autores, que comparan su movimiento con el de una «cobra que se dobla hacia atrás» o con el de un muelle que se tira hacia atrás. En ambos casos, la sanguijuela mantiene el cuerpo extendido mientras se eleva por el aire hacia el suelo, lo que supone un cambio notable con respecto a sus movimientos habituales.

“Las sanguijuelas se mueven normalmente en bucle, como los gusanos. Esperan a detectar un huésped y se acercan rápidamente a su objetivo. A veces, cuando muchas sanguijuelas vienen a por ti, puede parecer que el suelo del bosque se mueve”, comenta Fahmy. En el caso de Chtonobdella fallax, además, salta.

Otros invertebrados también tienen esta capacidad, como las larvas sin patas de los mosquitos de las agallas (Asphondylia sp.), las larvas de la mosca mediterránea de la fruta (Ceratitis capitata) y varias orugas. A pesar de que los naturalistas y biólogos llevaran mucho tiempo discutiendo sobre la capacidad de saltar de las sanguijuelas terrestres de la familia Haemadipsidae, hasta ahora no había pruebas tan concretas.

Una parte del ecosistema

A través de su investigación doctoral, la autora principal ha aprendido que las sanguijuelas terrestres de Madagascar se alimentan esencialmente de cualquier vertebrado que se mueva. “Entre las comidas de sangre de sanguijuela que he analizado, la mayoría tiende a ser de ADN de mamífero, aunque ciertamente también detectamos de ranas, serpientes, eslizones y aves”, aclara.

Comprender el comportamiento general de las sanguijuelas también es importante para la conservación, porque cada vez se recogen más para estudiar la biodiversidad de los vertebrados. “Si podemos determinar cómo encuentran y se adhieren a sus huéspedes, podremos entender mejor los resultados de sus análisis de contenido intestinal”, explica Fahmy. “Además, las sanguijuelas suelen ser ignoradas y poco estudiadas y, como parte natural del ecosistema, pueden necesitar protección para su conservación”, concluye.



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