Hace solo tres años, Brasil no figuraba entre los principales productores mundiales de energía solar, pero en 2023 ascendió al sexto puesto. El ritmo de crecimiento ha sido notable: desde 2022, el país ha añadido, en promedio, aproximadamente un gigavatio de capacidad solar cada mes. El año pasado, la energía solar superó a la eólica y se convirtió en la segunda fuente de electricidad del país.

La única razón por la que este ritmo no ha sido más rápido es el desempeño económico fluctuante de Brasil, que ha frenado la demanda de energía, según Roberto Kishinami, gerente de energía e industria del Instituto Clima y Sociedad (ICS), un fondo ambiental que trabaja en Brasil. Entre 2019 y 2022, el PIB de Brasil creció una media anual del 1,5%; en 2023, esta cifra fue del 2,9%. “Cuando se planificó el sector hace diez años, la tasa prevista era del 3,5%”, explica a Dialogue Earth.

¿Cómo ha llegado Brasil a dar este salto exponencial en materia de energía solar? Como explican expertos a Dialogue Earth, no ha ocurrido de la noche a la mañana: ha sido el resultado de una década de progreso en la creación de capacidad nacional, impulsada por incentivos públicos, una reducción de los costos de producción y una ampliación de la ambición para afrontar el desafío del cambio climático.

Abundante energía limpia

Brasil cuenta con abundantes y variados recursos naturales que lo sitúan en “una posición muy ventajosa en la transición energética”, afirma Amaro Pereira, profesor de planificación energética de la Universidad Federal de Río de Janeiro.

Durante décadas, el mix eléctrico brasileño ha sido mayoritariamente limpio en cuanto a sus emisiones de gases de efecto invernadero, dada la enorme capacidad hidroeléctrica del país. Las fuentes renovables representan ahora el 86,4% de su capacidad eléctrica instalada, y casi la mitad procede de centrales hidroeléctricas.

Kishinami afirma que esta sólida base hidroeléctrica actúa como una “gran batería” en el sistema eléctrico brasileño, rellenando los huecos creados por otras renovables, como la eólica y la solar, que fluctúan según las condiciones climáticas.

Aunque la propia energía hidroeléctrica se ha visto afectada por condiciones meteorológicas extremas, y el país ha tenido que recurrir a centrales termoeléctricas en periodos de sequía grave, el mix eléctrico brasileño, dominado por la hidroelectricidad, es lo bastante resistente para adaptarse a la naturaleza variable de la energía solar y eólica, dice Pereira.

Incentivos públicos

En 2023, el gobierno brasileño anunció un nuevo plan de “aceleración del crecimiento” que incluía 67.000 millones de BRL (12.500 millones de USD) para financiar nuevos proyectos de energías renovables. Más de la mitad ―41.500 millones de BRL― se destina a la construcción de 196 centrales de energía solar. Esta cantidad duplica lo invertido en más de dos décadas en el marco de un programa con un propósito similar.

Carlos Dornellas, director técnico y de regulación de Absolar, la principal asociación de la industria solar de Brasil, explica que durante la década pasada el gobierno celebró subastas para impulsar la generación centralizada de electricidad a través de grandes plantas solares, que pasaron a estar reguladas en los años noventa.

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Además, en 2012 el país autorizó la generación “distribuida”, es decir, la producción de energía a menor escala, cerca del punto de consumo. Este formato representa ya casi el 70% de la energía solar en Brasil, y es el principal motor del crecimiento de este tipo de energía.

Hasta hace poco, los usuarios individuales de energía solar podían vender a la red nacional cualquier excedente de energía generada. Para fomentar el desarrollo solar, cada vatio inyectado por el consumidor a la red se compensaba íntegramente en sus facturas de electricidad. Sin embargo, el crecimiento del sector ha hecho necesaria una reducción gradual de estos incentivos: un nuevo marco legal que entró en vigor en enero de 2022 redujo la proporción de generación solar distribuida que puede venderse a la red.

Según Pereira, este cambio “generó la preocupación de que [la energía distribuida] perdiera su atractivo económico, por lo que mucha gente se apresuró a invertir”; aquellos que habían instalado un sistema de generación distribuida antes de enero de 2023 no tenían que seguir los términos de la nueva legislación.

“En 2022 hubo un crecimiento superior al normal [en el sector] por este motivo”, explica Pereira.

Sin embargo, a pesar de estas preocupaciones recientes, Pereira afirma que la energía solar sigue siendo atractiva en el país, y urgente para el planeta.

¿Objetivos climáticos o ahorro?

Durante la conferencia sobre cambio climático COP28 celebrada el año pasado en Dubai, 118 países, entre ellos Brasil, se comprometieron a triplicar colectivamente la capacidad mundial de energía renovable para 2030.

Las presiones mundiales para aumentar la ambición en la lucha contra el cambio climático han contribuido al auge de la energía solar, pero según Pereira, el principal factor que acelera el mercado es la creciente asequibilidad de la producción: “El desarrollo tecnológico ha dado lugar a un abaratamiento de los costos, lo que favorece la expansión de la energía solar”.

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Esta contracción de los costos ha sido provocada principalmente por China, que representa alrededor del 80% de la capacidad de fabricación en el sector solar.

En los últimos años, los paneles solares han estado exentos de impuestos de importación en Brasil, una subvención que se revocó este año al introducirse un impuesto del 10,8%. La exención había contribuido a que los equipos solares chinos resultaran más baratos que los nacionales y a que Brasil se convirtiera en el segundo mayor importador de paneles solares chinos. Dornellas afirma que casi todos los módulos fotovoltaicos e inversores (que convierten la energía solar para su uso en dispositivos electrónicos) de Brasil se compran a empresas chinas.

Según un análisis de la empresa de investigación energética Wood Mackenzie, estas importaciones se volvieron aún más ventajosas en 2023, cuando el costo de fabricación de paneles solares en China se desplomó un 42% en medio del aumento de la producción. Como resultado, el precio de estos paneles en el mercado brasileño disminuyó una cantidad similar el año pasado, según un estudio de la empresa de energía Portal Solar.

La planta solar Coremas III, en el estado de Paraíba, inaugurada en 2020. Muchas comunidades del nordeste de Brasil viven cerca de centrales solares, pero carecen de conexión a la red, lo que significa que no pueden acceder a la electricidad generada por dichas instalaciones (Imagen: Alan Santos, Palácio do Planalto, CC BY)

Por otro lado, se dice que la facilidad de acceso a los productos chinos ha representado una barrera para el desarrollo de la fabricación en Brasil. “Hay intención de desarrollar una industria nacional, pero no estará en marcha en poco tiempo”, afirma Dornellas. “Hoy, lo que tenemos en Brasil sigue siendo de menor calidad y mayor precio”.

La potencia china aumenta

Hace poco más de una década, China dirigió su atención a la industria renovable con el objetivo, entre otros, de resolver su crisis de contaminación atmosférica. Reforzada por el apoyo gubernamental y los incentivos, la industria solar del país creció rápidamente hasta liderar el mercado mundial: en 2012, ya producía el 40% de las células fotovoltaicas utilizadas en los paneles solares de todo el mundo. América Latina y el Caribe, con los que China ya mantenía fuertes lazos comerciales, se convirtieron en importantes destinos de estas inversiones.

Marco Aurélio Mendonça, investigador del Instituto de Investigación Económica Aplicada (Ipea), afirma que las inversiones chinas en América Latina y el Caribe han estado en consonancia con los cuellos de botella energéticos y las deficiencias en infraestructuras eléctricas que afectan a la región, incluso a Brasil.

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Entre 2019 y 2022, la capacidad de proyectos solares operados o en construcción por empresas chinas en América Latina aumentó más del triple, pasando de 1,4 GW a 4,9 GW. Además, están invirtiendo en toda la cadena de producción, dice Dornellas: Trina Solar y JA Solar importan y distribuyen paneles solares y otros equipos; China Three Gorges Corporation y China General Nuclear Power Group están invirtiendo en la construcción de centrales eléctricas; el fabricante de automóviles eléctricos BYD ahora también produce módulos solares en su fábrica de Campinas, en el estado de São Paulo; y State Grid construirá una línea de transmisión de 1.513 km para impulsar las energías renovables en el nordeste de Brasil.

Actualmente, el nordeste lidera el mercado solar del país. Según la Agencia Nacional de Energía Eléctrica de Brasil (Aneel), la región acumula más del 60% de la potencia solar total autorizada a operar en el sistema nacional (excluida la generación distribuida). Además de contar con condiciones climáticas favorables, la región se ha beneficiado de la adopción de diversas políticas de incentivos, principalmente fiscales, afirma Dornellas.    

La transición debe ser justa e inclusiva

El Plan Energético del Nordeste, una iniciativa conjunta de cuatro organizaciones ecologistas brasileñas, calcula que las energías renovables podrían generar 2 millones de nuevos empleos en la región, que actualmente tiene el ingreso per cápita más bajo del país.

“Tiene un enorme potencial para generar ingresos”, afirma Fabiana Couto, organizadora política del grupo. “Pero hay que invertir en formación para que esta generación de ingresos sea efectiva”. Los puestos de trabajo también deben ser ocupados por la población local, subraya.

Couto defiende la generación de energía distribuida por cooperativas. Dice que pueden aportar ingresos a las comunidades y resolver los cuellos de botella en la distribución de energía en lugares remotos, pero afirma que hacen falta incentivos gubernamentales para impulsar estas iniciativas, que siguen siendo caras para las poblaciones pobres.

Un grupo de personas alrededor de paneles solares montados sobre una pequeña plataforma
Instalación de un pequeño sistema de energía solar en Brasilia. Expertos afirman que la generación de energía distribuida gestionada por cooperativas podría aportar empleo e ingresos a las comunidades, pero los gobiernos deben proporcionar inversiones y formación (Imagen: Tony Winston / Agência Brasília, CC BY)

En zonas remotas del estado de Paraíba, la Cooperativa Bem Viver adoptó la generación solar en enero de 2023, con el apoyo de organizaciones no gubernamentales. Cada uno de los 22 miembros recibe una cuota de energía, utilizada no solo para el consumo básico, sino también para la agricultura familiar e incluso para almacenar el agua de lluvia, que fluye de los tejados solares a las cisternas.

La expansión de la energía solar también debe ser más democrática, argumenta Couto. En la actualidad, hay muchas comunidades rodeadas de centrales solares que no tienen acceso a la energía que generan. El formato ideal para los parques solares, dice la activista, sería instalar sistemas distribuidos junto a ellos para dar servicio también a las poblaciones locales.

En enero, una amplia red de organizaciones y asociaciones comunitarias cuyas tierras nororientales se han visto afectadas por centrales de energías renovables reclamó una transición energética más justa e integradora. El documento “Salvaguardas socioambientales para las energías renovables” enumera más de cien mecanismos y medidas de protección que podrían ayudar a conseguirlo.

Estas salvaguardas incluyen la consulta previa a las comunidades, la zonificación ecológico-económica para evitar la superposición de centrales eléctricas con zonas protegidas o comunidades tradicionales, y criterios más justos para el arrendamiento de tierras por parte de las empresas.

“La cantidad que se paga por estas tierras es un problema en los contratos, que se han hecho de forma muy desigual”, dice Couto, cuya organización ayudó a redactar el documento.

La instalación de energía solar también podría ser una solución para hacer frente al desequilibrio energético de la región amazónica. El Instituto de Energía y Medioambiente (Iema) calcula que 3 millones de habitantes de la Amazonía Legal (la región administrativa que contiene la cuenca del Amazonas) no están conectados al sistema eléctrico nacional, y alrededor de 1 millón no tienen acceso a electricidad continua. Muchas de estas personas deben recurrir al uso de combustibles fósiles, como los generadores a diésel.

La energía solar supondrá un retorno del desarrollo humano, promoviendo actividades económicas que sirvan de opción a otras depredadoras, como la minería y la deforestación

Ricardo Baitelo, consultor de proyectos del Instituto de Energía y Medioambiente (Iema)

El programa federal Luz para Todos, relanzado en agosto de 2023, pretende atender a 226.000 nuevas unidades consumidoras en la Amazonía Legal como viviendas, escuelas, centros de salud y centros comunitarios, entre otros. Según Couto, la energía solar descentralizada es la opción más viable para las regiones más remotas y debe ser priorizada por Luz para Todos. Desde 2003, se han invertido 24.000 millones de reales en el programa, con otros 2.500 millones previstos para 2024.

En la Amazonía Legal, el acceso universal a la energía solar requerirá hasta 38.000 millones de BRL, según cálculos del Iema. “Esto supondrá un retorno del desarrollo humano a esta región, promoviendo actividades económicas que sirvan de opción a otras depredadoras, como la minería y la deforestación”, afirma Ricardo Baitelo, consultor de proyectos de Iema.





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