El 30 de abril, investigadores, agricultores y representantes de asociaciones agroindustriales se reunieron en la Fundación Getulio Vargas de São Paulo para debatir sobre las relaciones comerciales entre Brasil y China. La discusión se centró en las exportaciones de soja y carne a la nación asiática y en las posibles -o necesarias- “rutas hacia la sostenibilidad”.

Tras abrir el evento, apoyado por The Nature Conservancy (TNC), el director del Centro de Desarrollo Agrícola y Rural de China Kevin Chen subió al escenario para explicar cómo se ve en el país asiático el escenario actual y futuro con Brasil, su mayor socio en el suministro de alimentos.

“Sabemos que el cambio climático ya ha provocado una reducción de la producción de soja en Brasil y también una disminución de las exportaciones de soja”, afirmó Chen. “Tenemos que detener la deforestación en Brasil debido a la expansión de la producción de soja y carne vacuna. Esperamos que esto ocurra, sin poner en peligro la producción y los medios de subsistencia”.

Escuchaban atentamente los representantes de la agroindustria brasileña, un sector que suele ser reticente a reconocer, y en muchos casos hasta niega, las repercusiones del cambio climático en la producción.

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Chen también dijo que el gobierno chino quiere reducir su dependencia de la producción brasileña para cubrir las necesidades alimenticias de sus 1.400 millones de habitantes. “En la actualidad, el 80% de la soja que consume China procede de otros países, y Brasil es nuestro mayor proveedor. En 2033, sin embargo, más del 30% de nuestra demanda de soja tendrá que cubrirse con producción nacional”, afirmó.

Los datos del Ministerio de Desarrollo, Industria y Comercio brasileño (MDIC) muestran que China es, con diferencia, el mayor socio comercial de Brasil: compra un tercio de todo lo que el país latinoamericano vende al mundo. Estados Unidos, en segundo lugar, tiene una cuota de aproximadamente el 10%. China por sí sola representa más exportaciones brasileñas que los siguientes nueve mayores compradores del país juntos.

En materias primas agrícolas y minerales, el protagonismo de China es aún mayor. Entre 2019 y 2023, las exportaciones brasileñas de soja a China casi se duplicaron, pasando de 20.500 millones de dólares a 39.800 millones. El año pasado, el país compró nada menos que el 73% de la soja exportada por Brasil.

Un oso hormiguero cruza un campo de soja cerca de una aldea indígena en Mato Grosso, Brasil. Este estado triplicó con creces sus exportaciones a China en una década, hasta alcanzar los 11.800 millones de dólares en 2023 (Imagen: Flávia Milhorance / Dialogue Earth)

La carne vacuna sigue el mismo camino. Las exportaciones a China aumentaron un 476% entre 2009 y 2022, según datos recopilados por Abiec, la asociación que representa a los exportadores brasileños de carne vacuna. De cada diez kilos de carne que Brasil vendió en el extranjero el año pasado, seis fueron a China, según el MDIC.

El año pasado, China se convirtió en el primer destino de las exportaciones brasileñas en superar la barrera de los 100.000 millones de dólares en un solo año. En concreto, las ventas totales a China ascendieron a 104.300 millones de dólares, más del doble que hace siete años.

Si se evalúa el peso de Brasil entre los vendedores de una serie de productos a China, la situación sigue siendo la misma. En la actualidad, Brasil representa el 60% de la soja y el 41% de la carne vacuna que China compra en todo el mundo. La dependencia de la carne importada está vinculada en parte a los cambios en los hábitos alimentarios observados en medio de la creciente urbanización del país en las últimas décadas. En 2012, sólo el 1% de la carne vacuna que se consumía en China era importada; en 2022, esta cifra se había disparado hasta el 27%, según datos de la Oficina Nacional de Estadísticas de China.

Vectores de deforestación

La producción de carne vacuna y soja es uno de los principales motores de la deforestación en Brasil, y su creciente demanda ha ejercido presión sobre los bosques. Su producción implica un uso intensivo de la tierra, que supuso casi el 50% de las emisiones del país en 2022, según el Observatorio del Clima, una red brasileña de organizaciones ecologistas.

El crecimiento de las exportaciones de productos agrícolas a Asia en las últimas décadas ha ido acompañado de la expansión de las exportaciones de los nueve estados de la región de la Amazonía Legal. En consecuencia, se han convertido en las regiones más deforestadas del país, como muestran los datos del Instituto Nacional de Investigaciones Espaciales (Inpe).

Vacas paradas y acostadas en un campo

Una finca ganadera en Cerquilho, estado de São Paulo, Brasil. Casi el 50% de las emisiones del país proceden de la agricultura (Imagen: Dan Agostini / Dialogue Earth)

El estado de Mato Grosso, por ejemplo, que en 2014 exportó a China el equivalente a 3.400 millones de dólares en productos, vio cómo ese volumen se triplicaba con creces en una década, alcanzando los 11.800 millones el año pasado. En el mismo período, los envíos al mercado chino desde el estado de Pará, en el norte de Brasil, se duplicaron con creces, pasando de 4.700 millones a 11.200 millones.

Sin embargo, este crecimiento ha tenido un costo para los bosques brasileños. De 2014 a 2022, la deforestación anual en la región de la Amazonía Legal pasó de 5.012 km2 a 11.594 km2, según el Inpe. En la última década, solo hubo una reducción en la tasa el año pasado, cuando se identificaron 9.064 km2 deforestados en toda la región.

Los expertos afirman que la presión que la demanda china venía ejerciendo, aunque indirectamente, sobre la deforestación de la Amazonía está cambiando. Destacan que la seguridad alimentaria de China depende ahora más que nunca de una producción sostenible.

“Esta presión de la demanda china, que ha impulsado la expansión de la soja, el maíz y otros cultivos en Brasil, generando mucha deforestación, está atravesando un punto de inflexión”, afirma Leonardo Gava, responsable de transición agrícola de Climate Bonds Initiative, una iniciativa británica especializada en la certificación de bonos sostenibles. “China está pasando de ser un comprador que ejerce más presión sobre la deforestación a un comprador que puede facilitar cadenas de valor libres de deforestación”.

La cuestión es si los productores brasileños estarán preparados para este cambio en un futuro próximo, afirma Gava. “El productor brasileño tiene una ventana para moverse, y esa ventana está abierta ahora. Si fallan, tendrán que compensarlo”.

Por regla general, China evita adoptar una postura firme en cuestiones internas de otros países, como la legislación medioambiental y su aplicación. Sin embargo, el creciente número de compromisos multilaterales contraídos por el país podría traducirse en medidas concretas.

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João Cumarú, investigador y estudiante de la maestría en Política y Diplomacia China en la Universidad Fudan de Shanghái, destaca el creciente liderazgo de China en la búsqueda de la llamada “civilización ecológica” y sus avances en energías renovables, a pesar de enfrentarse aún a varios obstáculos para reducir las emisiones y el uso de combustibles fósiles como el carbón.

“China está cada vez más comprometida internacionalmente en estas cuestiones medioambientales, y se han producido avances internos efectivos”, afirma Cumarú. “Es difícil saber cómo se consolidarán estas acciones en las relaciones exteriores, porque aún dominan las lógicas de mercado, precio y volumen, así como el discurso [chino] de no intervenir en cuestiones externas. En cualquier caso, es un movimiento nuevo que puede tener repercusiones en Brasil”.

Además de las posturas gubernamentales, la actitud del público chino ante las cuestiones medioambientales también sigue evolucionando. Una encuesta realizada este año en Beijing y Shanghái por la Academia China de Ciencias Sociales, FGV Agro y TNC sugiere que algunos consumidores chinos de carne vacuna aceptarían pagar hasta un 20% más por su carne si tuvieran la garantía de que el producto no está vinculado a la deforestación de la Amazonía.

Falta de transparencia en las exportaciones de carne

El camino recorrido por buena parte del ganado brasileño, desde su nacimiento en la Amazonía Legal hasta su llegada al mercado chino, no es necesariamente claro.

Preocupados por no ser acusados de comprar carne procedente de zonas deforestadas ilegalmente, los grandes compradores chinos han intentado mejorar la trazabilidad de sus mayores proveedores. Sin embargo, estos esfuerzos suelen toparse con obstáculos cuando en esta cadena intervienen terceras partes, como los proveedores indirectos que a menudo compran ganado criado en zonas irregulares o ilegales y “blanquean” el origen de estos animales a través de sus propiedades.

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La Asociación China de la Carne y la organización WWF se unieron en 2017 para crear la “Declaración China de Carne Sostenible” con el objetivo de controlar la deforestación asociada a sus importaciones. Fomentaba acciones para promover la producción, el comercio y el consumo sostenibles de carne, con directrices para mejorar la trazabilidad en la cadena de suministro.

“Sin duda fueron medidas relevantes por la señal que dieron al mercado, pero el hecho es que estas acciones no fijaron una fecha pública para que estos criterios se cumplan”, afirma Paulo Barreto, investigador del Instituto Imazon, una ONG ambientalista. “Es una postura diferente a la de la Unión Europea, por ejemplo, que ha establecido que ya no comprará nada procedente de zonas con deforestación ocurrida después de 2020 y que se comenzará a exigir a partir de enero de 2025. No hemos encontrado nada en China que establezca un calendario”.

El Instituto Imazon y la organización O Mundo Que Queremos se han unido para medir los avances de las empresas a la hora de convertir estas directrices en una producción ganadera sostenible en la práctica. Según su estudio “Radar Verde“, el 87% de los frigoríficos brasileños autorizados a exportar a China han firmado un compromiso de deforestación cero con la fiscalía federal. Sin embargo, de las 31 empresas con licencia para exportar a China, 25 siguen operando en regiones con más de 300.000 hectáreas en riesgo de deforestación.

Un trabajador vestido de blanco con un trozo de carne en un frigorífico

Un frigorífico en Tangará da Serra, estado de Mato Grosso, Brasil. Según un estudio del Instituto Imazon, 25 de las 31 empresas cárnicas brasileñas con licencia para exportar a China siguen operando en regiones con alto riesgo de deforestación (Imagen: BrazilPhotos / Alamy)

“La realidad es que todas ellas incumplen las especificaciones de la Asociación China de la Carne sobre divulgación de información y procedencia de zonas con alto riesgo de deforestación”, denuncia Alexandre Mansur, director de proyectos de O Mundo Que Queremos.

El estudio también evaluó el grado de transparencia de los contenidos accesibles al público de las empresas autorizadas a exportar a China. De las 31 empresas, se consideró que solo tres habían alcanzado un nivel “intermedio” de transparencia en cuanto a su política de deforestación cero, pero que seguían sin cumplir las orientaciones de la Asociación China de la Carne sobre el control de los proveedores intermedios. Se consideró que más del 90% de las empresas encuestadas tenían políticas que conducían a una transparencia baja o muy baja.

“De lo que también nos damos cuenta es de que no está claro cómo va a aplicar la Asociación sus especificaciones”, dice Paulo Barreto.

A pesar de esta falta de transparencia en las cadenas de suministro brasileñas, China ha seguido autorizando nuevas plantas de envasado de carne en el país. En marzo, se anunció que China había autorizado 38 nuevas locaciones para la exportación de carne vacuna, carne porcina y aves de corral en Brasil, el mayor número de unidades autorizadas de una vez en virtud de sus acuerdos bilaterales, que se espera supongan un impulso de 10.000 millones de reales (1.900 millones de dólares) en las ventas de Brasil al país en los próximos 12 meses.

El Ministerio de Agricultura de Brasil dijo que algunos de los establecimientos fueron auditados a distancia en enero de este año. Otros recibieron una evaluación presencial por parte de técnicos chinos en diciembre de 2023.

“Este resultado histórico demuestra una vez más el reconocimiento de la calidad, credibilidad y confianza en el trabajo de la defensa agropecuaria de Brasil”, afirmó Carlos Goulart, Secretario de Defensa Agropecuaria, en un comunicado oficial.

Este artículo se publicó originalmente enO Eco, una plataforma brasileña de periodismo medioambiental. Esta versión traducida ha sido acortada y ligeramente editada con permiso.





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