No es una novedad que el mundo se encuentra enfrentando grandes cambios climáticos debido a un elevado índice de contaminación, especialmente si hablamos de emisiones excesivas de dióxido de carbono. Es por esto mismo que diversos países a lo largo y ancho del mundo se encuentran trabajando en una solución para reducir el CO2 y recientemente se ha descubierto el potencial de las algas para este trabajo.

Una beneficiosa ayuda para alcanzar la neutralidad del carbono

Conseguir que no haya emisiones de gases contaminantes para frenar la crisis climática es el reto actual. Para lograrlo, es necesario eliminar el uso de combustibles que producen carbono. Este objetivo es compartido entre los gobiernos, las empresas y la sociedad. Sin embargo, reducir las emisiones del transporte es una tarea más complicada porque este sector usa mucha energía.

Desde hace algún tiempo hemos visto todo tipo de proyectos que ayuden a la descarbonización, incluso conocimos los detalles del árbol liquido hecho de algas que fue implementado en las calles de Belgrado, Serbia. Esto mismo fue gracias al potencial que tiene esta especie de planta acuática para convertir en oxigeno el dióxido de carbono.

En la Unión Europea y España, el transporte consume alrededor del 30% de la energía total, y la mayoría es por carretera. Es por esta razón que necesitamos políticas y objetivos más puntuales para lograr una movilidad sin emisiones. Es aquí en donde las algas toman un especial protagonismo.

Una solución que promete reducir los problemas asociados al transporte

Una estrategia efectiva es combinar la electrificación de los vehículos con el uso de combustibles que emitan una baja o nula cantidad de carbono. Es por eso que los biocombustibles son cruciales cuando la electrificación no es suficiente. Compañías como Cepsa están trabajando en esto, específicamente en la producción de biocombustibles de segunda generación en Portugal y España.

Para hacer posible este proyecto, en Huelva se está llevando a cabo junto a Bio-Oils una de las plantas más grandes de biocombustibles de segunda generación en la zona sur de Europa, convirtiéndose en una noticia extremadamente buena debido a sus objetivos.

En ese sentido, los biocombustibles pueden ser de primera o segunda generación, según su origen. Los de primera generación vienen de cultivos agrícolas como el maíz o la soja. Los de segunda generación se fabrican a partir de residuos orgánicos como aceites usados de cocina o desechos agrícolas.

Por otro lado, las algas toman cada vez más protagonismo, esta vez es porque se está investigando una tercera posibilidad de generar biocombustibles, estos estarían hechos a partir de algas, que pueden capturar luz solar y CO2 para producir energía sin contaminar.

¿Cuándo estará terminado el proyecto?

Lo que se espera es que el equipo formado por investigadores españoles, en colaboración con el Centro de Innovación de Cepsa y por el Instituto Tecnológico de Canarias, es que avancen significativamente en los siguientes meses, pues están trabajando en un estudio para producir biocombustibles y productos químicos sostenibles a partir de materias primas renovables.

Respondiendo a la incógnita, se estima que este estudio finalizará en el tercer trimestre del año y buscando impulsar la economía circular sin competir con recursos tan valiosos como lo es el agua y promoviendo la utilización de materia prima con origen renovable.

En conclusión, la lucha contra el cambio climático y la reducción de emisiones de dióxido de carbono requieren soluciones innovadoras y efectivas. En este contexto, las algas han surgido como una herramienta prometedora para alcanzar la neutralidad del carbono, destacando su capacidad para convertir CO2 en oxígeno. Especialmente en el sector del transporte, donde la descarbonización es considerablemente más compleja.



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