Sucede que los efectos del cambio climático han sido más intensos sobre la región central de Brasil, en donde el aumento de las temperaturas se ubica alrededor de un 1 °C por encima del calentamiento medio global de 1,5 °C. Esta condición climática ha generado una alteración hidrológica: la temperatura cerca del suelo se encuentra tan alta que una parte significativa del agua de las lluvias se evapora antes de infiltrarse en el terreno. Esta anomalía tiene diversas consecuencias, tales como cambios en el patrón de precipitaciones, que se concentran en pocos eventos, y una menor recarga de los acuíferos, lo que puede afectar el nivel de los ríos afluentes del río São Francisco, el principal curso de agua de la cuenca hidrográfica que le da su nombre y que atraviesa siete estados de Brasil.

Para llegar a esta conclusión, en este trabajo –un Proyecto Temático apoyado por la FAPESP en colaboración con la National Science Foundation de Estados Unidos– se revisaron los datos de temperatura, caudal, precipitaciones regionales y balance hidrológico de la estación meteorológica del municipio de Januária –una de las más antiguas del estado de Minas Gerais, cuyos registros empezaron en el año 1915– y se los correlacionó con las variaciones en la composición química de las estalagmitas de una cueva ubicada en el Parque Nacional Cavernas do Peruaçu, en ese mismo municipio.

“Mediante el empleo de los datos geológicos, fue posible expandir la percepción de la sequía causada por el cambio climático a un período muy anterior al de los registros meteorológicos. De esta forma, logramos efectuar la reconstitución del clima yendo hasta siete siglos atrás. Esto nos permitió no solamente probar que el Cerrado está más seco, sino también que el origen de esta sequía tiene relación con la alteración del ciclo hidrológico causada por el aumento de la temperatura inducido a su vez por la actividad humana en la emisión de gases de efecto invernadero”, afirma Francisco William da Cruz Junior, docente del Instituto de Geociencias (IGc-USP) y uno de los autores del estudio liderado por Nicolás Strikis, del mismo instituto.

“El mensaje indica que no existe paralelo con la sequía que estamos atravesando actualmente. Es importante enfatizar que en el estudio detectamos una tendencia al aumento de la temperatura que empezó en la década de 1970, pero el hecho es que aún no hemos llegado al pico de calentamiento. Por ende, cabe esperar que este fenómeno empeore más todavía”, dice Da Cruz.

Se trata de un estudio inédito en cavernas de este tipo

Caverna da Onça, en donde se captaron los datos químicos de las estalagmitas, es una cueva distinta a las demás que estudió el grupo, porque es abierta y está ubicada en el fondo de un cañón de 200 metros de profundidad, bajo la influencia de la variación de temperatura exterior. Su nombre hace alusión al hábitat de un jaguar [onça, en portugués], y se sitúa dentro del Parque Nacional Cavernas do Peruaçu.

“Se trata de un estudio inédito en cavernas de este tipo, pues generalmente estudiamos cuevas en ambientes cerrados, con una circulación de aire muy restringida y con temperatura estable en el transcurso de todo el año. La conexión de Caverna da Onça con el clima exterior nos permitió analizar que la sequía también altera la química de las formaciones rocosas de las cuevas (espeleotemas). El aumento de la evaporación causado por el mayor calentamiento disminuye la recarga de agua que alimenta los goteos en la caverna. Estas modificaciones químicas en las rocas, asociadas a la evaporación del agua, nos demostraron que estamos atravesando una sequía sin precedentes”, dice el investigador.

Cambio climático en el último milenio

Este trabajo integra un proyecto de investigación mayor que apunta a reconstituir la variabilidad del clima y de los cambios climáticos durante el último milenio a través los registros de las formaciones rocosas existentes dentro de cavernas (espeleotemas) y de los anillos de crecimiento de los árboles.

“La nueva metodología y la validación de los datos de nuestro trabajo abren el camino para que se lleven adelante otros estudios en otras cavernas, de otras regiones y otros biomas. Con este tipo de abordaje, será posible contar con una reconstitución del clima brasileño de una manera más precisa”, afirma.

En general, los estudios geológicos que se aplican para fundamentar la teoría del cambio climático se realizan con muestras de testigos de hielo (extraídas de los glaciares de los polos). “La innovación de nuestro estudio consiste en la utilización de los datos químicos de los espeleotemas para detectar variaciones de los ciclos hidrológicos y asociarlos a las alteraciones generadas por la elevación de la temperatura tropical”, explica Da Cruz.

El grupo de científicos también ha realizado estudios de paleoclima con base en árboles fósiles hallados en el mismo parque nacional, en el marco de un trabajo realizado en colaboración con un grupo de biólogos que integra el Proyecto Temático. “Son fósiles del género Amburana encontrados dentro de las cuevas que permanecieron protegidos de la luz durante más de 500 años. Al sumar los resultados de nuestro estudio a los del que se lleva adelante en los árboles fósiles, obtuvimos datos independientes sobre el mismo fenómeno”, culmina diciendo el investigador.



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