Con su nuevo presidente, Javier Milei, Argentina espera avanzar con la construcción de plantas de licuefacción para exportar gas natural licuado (GNL), aprovechando el potencial de la formación de gas y petróleo Vaca Muerta en el norte de la Patagonia.

Sin embargo, si el nuevo gobierno quiere hacer realidad estas ambiciones, debe enfrentarse a varios interrogantes: los riesgos económicos de la inversión necesaria, su capacidad para competir con países con industrias más desarrolladas y las amenazas que una ampliación de la infraestructura gasística supondría para los compromisos climáticos de Argentina.

En los últimos cincos años, el GNL fue uno de los combustibles cuya demanda más creció en el mundo, con una tasa acumulativa anual del 3,9% según la consultora Economía & Energía. Se trata de gas natural que adopta un estado líquido mediante un proceso de enfriamiento que le permite reducir su volumen más de 600 veces. En este formato, se puede enviar en grandes cantidades a mercados a los que no se puede llegar a través de gasoductos.

El proceso de licuefacción requiere de la construcción de plantas que cuestan miles de millones de dólares y gasoductos dedicados específicamente a abastecer esas terminales portuarias, sin contar la inversión en exploración y producción en los yacimientos. Argentina no cuenta con esa infraestructura y no ha logrado captar inversores interesados en financiarla, a pesar de los proyectos anunciados.

Proyectos de GNL en Argentina

Existen tres proyectos distintos en etapa de pre factibilidad. El más avanzado es el de la empresa petrolera argentina controlada por el estado YPF y la malaya Petronas, la cual prometió una inversión de hasta 50.000 millones de dólares en caso de que el proyecto avance. La propuesta contempla la construcción de tres gasoductos dedicados y una planta con capacidad de 25 millones de toneladas al año.

Tres hombres vestidos con traje y corbata aplaudiendo detrás de una mesa con la frase "Argentina GNL"
El ex presidente argentino Alberto Fernández junto a junto al entonces titular de la petrolera estatal YPF Pablo González (izquierda) y el CEO de Petronas Datuk Tengku Muhammad Taufik (derecha) en septiembre de 2022, cuando anunciaron un acuerdo para la construcción de una planta productora de GNL en Argentina (Imagen: Casa RosadaCC BY 2.5 AR)

El conglomerado internacional de GNL Excelerate Energy y la Transportadora de Gas del Sur (TGS) de Argentina tienen otro plan en marcha en Bahía Blanca, al suroeste de Buenos Aires. Este proyecto es de menor escala, con un módulo inicial de 4 millones de metros cúbicos al día, aunque con el tiempo podría aumentar a cuatro módulos de la misma capacidad.

Finalmente, otra de las compañías que manifestó su interés por invertir en plantas de licuefacción fue la argentina Tecpetrol, la petrolera del Grupo Techint, que no dio detalles del proyecto, pero que expresó su intención de instalarse en la provincia de Río Negro.

En los tres casos, las empresas involucradas manifestaron que una de las condiciones necesarias para avanzar hacia la etapa de desarrollo es la sanción de una nueva ley de promoción de esta industria.

Luego de años de discusiones entre el gobierno y las petroleras acerca de este asunto, finalmente la administración anterior presidida por Alberto Fernández presentó  un proyecto de ley, que tuvo media sanción en la Cámara de Diputados, que concedía beneficios como la exención del impuesto de importación y la garantía de “estabilidad fiscal” durante 30 años. No obstante, con el cambio de gobierno, las preferencias también se modificaron. Con una idea similar, pero con mayores concesiones hacia el capital privado, incluida la eliminación de la necesidad de que las petroleras prioricen el mercado interno, el Poder Ejecutivo presentó un nuevo proyecto de ley el pasado diciembre, a pocos días de la toma de posesión.

“Argentina es famosa por su volatilidad regulatoria a partir de sus recurrentes ciclos antagónicos de economías abiertas a economías cerradas que se vienen alternando por ya casi un siglo. Esta volatilidad atenta contra la viabilidad de proyectos de inversión de largo plazo”, sostiene Pablo Rueda, abogado especialista en regulación de Oil & Gas y socio del estudio Martínez de Hoz & Rueda.

fila de tubos huecos en un campo

Construcción del gasoducto Presidente Néstor Kirchner en la provincia de La Pampa, Argentina, en enero de 2023 (Imagen: Gabriel Rojo / Alamy)

Más allá de la pendiente sanción de la ley, la novedad es que YPF convocó, luego de la asunción del nuevo gobierno de Milei, a todas las petroleras privadas a unificar todos los proyectos de GNL. “El GNL sólo es viable si se hace un único proyecto a nivel país entre todas las empresas que sea liderado por YPF”, afirmaron fuentes que pidieron no ser identificadas. Señalaron que la firma estatal se reunirá con las empresas interesadas a mediados de marzo, y que “ya hay cuatro que seguramente entrarán” en iniciativas de GNL.

Mientras tanto, el gobierno está avanzando en la licitación de otra obra clave, pero para expandir la red de gasoductos y continuar sustituyendo importaciones. Con financiamiento de la CAF, se espera terminar este año un gasoducto en el norte del país que permitiría transportar el gas desde Vaca Muerta a provincias como Córdoba y Catamarca y reemplazar completamente los envíos de gas desde Bolivia.

El costo climático del GNL

Muchos partidarios del gas natural han tratado de situarlo como “combustible de transición”, expresión que incluso se menciona en el texto final de la conferencia sobre cambio climático COP28 de 2023. En este marco, el gas se suele presentar como un posible sustituto del carbón en la generación de electricidad, un combustible fósil mucho más contaminante. Pero las emisiones de gases de efecto invernadero asociadas al GNL siguen siendo significativas.

Para Juan Carlos Villalonga, consultor energético y ex diputado nacional, llamar al gas combustible de transición es una expresión engañosa. “Es un combustible fósil que deberá abandonarse. Su incorporación es beneficiosa como combustible sólo en la medida que sirve para acelerar el cierre de plantas de carbón. Aun así, ese switch de carbón a gas no siempre se justifica, porque a la nueva planta de gas que se abre, luego habrá que cerrarla para ser reemplazada por renovables o fuentes sin emisiones”, agregó.

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Otro inconveniente es que, además de las emisiones propias del gas natural, el GNL conlleva un proceso energético más intensivo por su licuefacción, transporte, regasificación y almacenamiento, que incrementa sustancialmente su huella de carbono. Es decir que, el hecho de transformar el gas a estado líquido, llevarlo en barco hasta el puerto de destino y luego volver a convertirlo a estado gaseoso, implica un gasto de energía que lo vuelve más contaminante.

Según un estudio próximo a publicarse de la Universidad de Cornell, las emisiones del GNL podrían superan a las del carbón si se considera todo su ciclo de vida. “El metano emitido durante el transporte de GNL por la combustión para impulsar las hélices del barco, en particular, contribuye al total de emisiones dado que es alrededor de 80 veces más potente que el dióxido de carbono”, puntualiza Álvaro Zopatti, especialista argentino en cambio climático.

Aunque el estudio se centra específicamente en el GNL en Estados Unidos, sus conclusiones pueden ser incluso más pertinentes para Argentina: un país alejado de posibles socios importadores en Asia y Europa, lo que implica una mayor distancia recorrida y, por lo tanto, un mayor consumo de combustible y un aumento de las emisiones de CO2 y metano.

Rueda reconoce los desafíos climáticos asociados al GNL y sostiene a Diálogo Chino que los nuevos proyectos de GNL deben considerar su complementación con proyectos de captura de carbono ―una tecnología que busca almacenar el dióxido de carbono generado por la quema del gas natural para que no se emita a la atmósfera― que les permitan su sostenibilidad en el largo plazo mientras compiten con energías limpias.

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“Argentina debe colocar a los proyectos de captura de carbono en la agenda de mitigación del cambio climático y fomentar el uso del gas natural en los mercados globales como una etapa necesaria en la transición energética del carbón hacia las energías renovables,” afirma.

Sin embargo, la captura de carbono todavía no ha sido probada a gran escala y existen muchas dudas sobre la viabilidad de su costo.

En todo el mundo, la inversión actual en gasoductos de gas natural previstos y en construcción asciende a más de 720.000 millones de dólares, a los que hay que sumar otros 190.000 millones que se destinarán a infraestructuras para la importación de GNL, lo que extendería el uso de este combustible mucho más allá del 2030. Para Climate Action Tracker, las emisiones generadas por la expansión del GNL pondría en riesgo las metas del Acuerdo de París.

En este contexto, el presidente de Estados Unidos Joseph Biden anunció el 26 de enero la suspensión de la aprobación de una docena de nuevas autorizaciones de exportación de GNL.

Al igual que Estados Unidos, Argentina también tiene metas climáticas que cumplir que podrían entrar en riesgo con la expansión del GNL. Su plan de transición energética al 2030 se compromete a no exceder la emisión neta de 349 millones de toneladas de CO2 y superar el 50% de utilización de energía renovable en la generación eléctrica.

molinos eólicos al atardecer

Un parque eólico en la provincia de La Rioja, Argentina. Algunos observadores temen que las ambiciones de ampliar la capacidad de GNL pongan en peligro los proyectos de energías renovables en el país (Imagen: Martin Zabala / Xinhua / Alamy)

Las barreras para el GNL en Argentina

El riesgo de llegar tarde es otro de los interrogantes que ponen en duda el potencial exportador del GNL argentino. Si las obras empezaran en el cortísimo plazo, cosa que no parecería factible porque aún están en discusión, los primeros buques podrían exportarse recién dentro de tres años y la capacidad máxima se alcanzaría a principios de la década del 2030, según datos que YPF compartió con Diálogo Chino.

El escenario genera incertidumbre porque a partir de dicho año, son varias las consultoras y empresas que prevén un declive de la demanda global a partir de 2030. Según el think tank climático E3G, la aplicación del plan energético europeo REPowerEU implica que el volumen de gas consumido por los estados miembros de la Unión Europea podría reducirse un 52% en 2030 respecto a los valores de 2019.

Estados Unidos y Australia ganaron el primer roundde la batalla por reemplazar a Rusia en el mercado del gas. El espacio de Argentina como un productor competitivo es bastante acotado

Christian Alonso Sisini, consultor energético argentino

Si bien el ex presidente Alberto Fernández firmó un memorándum de entendimiento con la presidenta de la Comisión Europea, Úrsula Von der Leyen, donde se comprometen a promover marcos de entendimiento para propiciar el suministro de GNL desde la Argentina hacia la Unión Europea, se trata de un documento no vinculante que no garantiza ningún tipo de inversión. A su vez, un representante de una embajada europea en la Argentina, que pidió no ser identificado, aseguró a Diálogo Chino que el interés europeo pasa por el hidrógeno verde y no por el GNL, al que consideran un combustible prescindible desde 2030.

El gigante energético BP, por su parte, traza tres posibles escenarios para 2050. El más optimista para el GNL es el denominado “New Momentum”, que considera los objetivos de descarbonización planteados durante los últimos años y anticipa un crecimiento de la demanda del 30% entre 2030 y 2050. El segundo caso, “Accelerated”, proyecta una aceleración hacia un sector energético con menores emisiones de carbono y, finalmente, el escenario “Net Zero” contempla la eliminación de las emisiones netas. De ahí que, en estos últimos dos casos, las compras de GNL se verían reducidas en un 40%.

Además, el World LNG Report (IGU) publicó otro estudio que da cuenta de un fuerte ingreso de oferta de GNL en los próximos años que podría reducir el espacio a ocupar por la Argentina. Según el reporte, considerando solo los proyectos que ya están en construcción, la capacidad instalada de licuefacción crecería un 32% entre 2022 y 2028. El mayor incremento provendría de Estados Unidos, seguido por Qatar, Canadá, y Mozambique.

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“Para que Argentina sea competitiva tiene que tener precios de gas natural por debajo de los dos dólares por millón de BTU (la unidad de medida del gas) y el precio del GNL no debería bajar de los 10 dólares”, afirma Raúl Bertero, vicedecano de la Facultad de Ingeniería de la Universidad de Buenos Aires.

El Estado argentino les paga hoy a las productoras de gas un precio de casi cuatro dólares para abastecer al mercado local. Es decir, el doble del valor que fija Bertero como techo para poder ingresar al club de exportadores.

“Está claro que Estados Unidos y Australia ganaron el primer roundde la batalla por reemplazar a Rusia en el mercado internacional del gas. Ya se nos han adelantado y lo seguirán haciendo. El espacio donde podemos vernos como un productor competitivo en el mediano largo plazo está bastante acotado”, dice el consultor energético Christian Alonso Sisini.





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